Hermosa Súplica

junayd al baghdadi quote

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El Principio Holografico y la Tabla Preservada

Los científicos se preguntan si nuestro mundo es una proyección tridimensional a partir de una fuente de información bidimensional. La afirmación básica en lo que se llama el principio holográfico fue planteada primero por Gerard t ‘Hooft: toda la información contenida en alguna región del espacio está codificada en el límite de esa región.
El nombre del principio deriva de la holografía. La holografía es una técnica que registra los rayos de luz reflejados en todas las direcciones desde un objeto. Cuando la imagen se proyecta desde una película holográfica en el espacio, la imagen aparece tridimensional tal como se veía originalmente el objeto: una figura en 3D de una fuente 2D.

Este principio tuvo su primera aplicación conocida para los agujeros negros. Sin embargo, aplicado al universo en general, el principio afirma que «todo el universo puede verse como una estructura de información bidimensional» pintada «en el horizonte cosmológico».

Para aquellos interesados en la física …

Una paradoja sobre los agujeros negros estaba desconcertando a los científicos en los años setenta. Si algún objeto ingresó en un agujero negro, se pierde toda la información del objeto. Esto incluye información sobre entropía (en otras palabras, «información que describe sus partes microscópicas»). Esto, sin embargo, violaba la segunda ley de la termodinámica, que establece que la entropía de un sistema aislado aumentará con el tiempo si el sistema no está en equilibrio.

Al mismo tiempo, se conocía otro hecho sobre los agujeros negros: que el área de la superficie del límite de un agujero negro siempre crecía cuando los objetos caían en ella. t ‘Hooft demostró que la información’ perdida ‘por un objeto que caía en el agujero negro en realidad se almacenaba mediante una alteración correspondiente en el límite del agujero negro.

Durante la década de 1990, los científicos finalmente aplicaron el mismo principio a todo el universo. La idea ganó credibilidad entre la comunidad científica porque estaba en línea con la teoría de cuerdas, la teoría absurda explica todo lo que integra todas las ideas conocidas sobre partículas, energía y gravedad.
Para aquellos interesados en la religión…En el Corán, se menciona repetidamente un kitaab, un libro, que tiene todo registrado en él. El significado literal de la palabra kitaab en árabe es ‘todo lo que está escrito’. Todo lo que está en el universo y todo lo que ha sucedido o sucederá se registra en este libro. Esto incluye el Corán, con respecto a lo cual, este registro maestro de todo se ha llamado Lawh-al-Mahfoodh, donde lawh significa una página o un papel y mahfoodh significa seguro. El significado conceptual estricto de lawh-al-mahfoodh sería «un registro de información bidimensional, permanente y seguro».

¿Es que no sabes que Allah conoce lo que hay en el cielo y en la tierra? Está todo en un Libro; verdaderamente eso es fácil para Allah. [Sura Al-Haj, ayah 70]

Él tiene las llaves del No-Visto Y sólo Él lo conoce; y sabe lo que hay en la tierra y en el mar.No cae una sóla hoja sin que Él no lo sepa, ni hay semilla en la profundidad de la tierra, ni nada húmedo o seco que no esté en un libro claro. [Sura Al-An’am, ayah 59]

Por cierto que los que se niegan a creer están negando la verdad (19) y Allah los rodea por detrás. (20) Sin embargo es una Recitación sublime (21) contenida en una Tabla Protegida. (22). [Sura Al-Buruj]

 

  1. Los debates sobre algunos de los sitios web suenan como si la analogía del «holograma» estuviera siendo aplicada literalmente por los lectores. Pero tal pensamiento es incorrecto. El principio holográfico en realidad no implica que el mundo tridimensional observable sea una ilusión, como lo es literalmente una imagen holográfica. Raphael Bousso ayuda a aclarar: El mundo no nos parece un holograma, pero en términos de la información necesaria para describirlo, es uno.

El principio holográfico, por lo tanto, realmente afirma que la información que describe todo lo que hay en el mundo se registra en su límite 2D. Puede ser de interés aquí que Allah haya descrito el mundo como la’ib y lahw:

La vida de este mundo no es mas que juego y distracción, pero la morada de la Otra Vida es mejor para los que se guardan.¿No van a razonar?; [in Sura Al-An’am, ayah 32]

Sin embargo, de esta interpretación de la «vida en este mundo» no necesariamente se deduce que todo lo que vemos es literalmente una ilusión.

  1. El estado científico del principio holográfico, y la teoría de cuerdas en la cual está basado, es TEORÍA. La física teórica está (y siempre ha estado) muy por delante de la física experimental (la que proporciona evidencia de las teorías). La física teórica se basa en las matemáticas y el principio holográfico es el resultado de una serie de elaboradas ecuaciones matemáticas que ayudan a explicar las rarezas conocidas sobre los agujeros negros y encajan con la teoría de cuerdas, otra serie de ecuaciones (más bien un conjunto de varias) … Simplemente no suficiente tecnología disponible para probar algo de esto. Durante mucho tiempo, cualquier «evidencia» que respalde el principio es probable que sea circunstancial. Es decir, será una observación que podría estar relacionada con la teoría; aún estará lejos de ser una evidencia concluyente.
  2. Incluso si el principio holográfico fuese verdadero, no necesariamente significa que esto es REALMENTE LO QUE Allah quiere decir con umm-ul-kitaab. Solo Allah tiene el conocimiento completo y solo Él posee el conocimiento verdadero de tales conceptos que nunca pueden ser asegurados al 100% por las ciencias más avanzadas.

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tomado de: http://root45.blogspot.ae/2012/06/islam-on-holographic-theory.html

 

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EL CENTRO DE CADA SER

          El Profeta (s.a.s.) dijo: “En el ser humano hay un trozo de carne que, cuando está sano, está sano todo el cuerpo, y si está enfermo, está enfermo todo el cuerpo. Ese órgano es el corazón”.

 Todas las cosas tienen un centro, un núcleo interior, un germen en el que están resumidas y a partir de cual las cosas se desarrollan y toman la forma que conviene a esa semilla de su ser. En árabe, se llama corazón (qalb) al foco estructurador de cada criatura, al vórtice que le sirve de materia prima. Y, así, decimos que cada cosa es recipiente (qâlib) en el que hay guardado un corazón (qalb), que es el secreto, la condición y la razón de su presencia. Su cuerpo se presenta a la vista y se ofrece a los sentidos, mientras que el fondo permanece oculto, y de ahí que califiquemos al corazón de cada ser aplicándole términos como ‘secreto’ o ‘misterio’, a causa de su invisibilidad.

 Por ello, al corazón se le considera una latîfa, que quiere decir sutileza, algo fundamentador de una realidad pero de carácter delicado por lo que pasa generalmente veces inadvertido, como todo aquello de lo que realmente dependemos (pues si estuviera a nuestro alcance podríamos destruirlo). Se ha dicho que el cuerpo es como un cofre en el que hay encerrado un tesoro de valor incalculable por su rareza, que es el corazón. Y su rareza y singularidad son tales que por ello mismo no es tan siquiera visible. Pero, a pesar de su estricta invisibilidad, ese corazón suyo es lo que la criatura manifiesta con su presencia en este mundo.

           El corazón es la verdad de cada cosa, y su materialidad es el resultado de lo que hay contenido en su misterio. La manifestación exterior está al servicio de las claves y predisposiciones guardadas en el seno de su razón de ser. Por tanto, el corazón de cada cosa es lo verdaderamente relevante en ella. Si nos detenemos en el recipiente de una cosa, tendremos sólo un conocimiento parcial, pero penetrar en su corazón es difícil porque el buscador debe asomarse a algo que, en sí, carece de sustancia que sea reconocible. Ese conocimiento más profundo de la realidad requiere de una gran habilidad. Sin embargo, conquistar ese saber ha sido siempre el gran desafío que se ha propuesto el ser humano: el acceso al núcleo de las cosas. Si bien en sí ese corazón no se muestra, sus repercusiones nos hablan de él, nos lo describen y nos lo hacen evidente.

           Los maestros del Islam enseñan que el corazón humano, su centro, su motor, está compuesto de tres partes. La primera de ellas es el Nafs, el ego, la sede de sus instintos y pasiones, que posibilitan su supervivencia en el mundo. En segundo lugar, encontramos el ‘Aql, la inteligencia, con la que se diferencia del rango animal. Por último, tenemos el h, el espíritu, donde se desatan las grandes aspiraciones que alzan al ser humano por encima de las trabas y servidumbres del mundo. Nafs‘Aql y h son los componentes básicos del Qalb, del corazón del ser humano. Para conocer al hombre con profundidad, es imprescindible penetrar en lo que significan estas palabras.

           Puesto que el corazón de algo es su verdad más íntima, la suma de sus elementos básicos y sus claves esenciales -mientras que el cuerpo es su concreción exterior-, el corazón del hombre es la motivación en él que se propone conocer a Allah y también es a lo que Allah se dirige. Esta cuestión es central en las reflexiones del Islam en torno a la condición humana. Lo que caracteriza de modo absoluto al hombre es su inclinación hacia el conocimiento, su búsqueda incesante, su inquietud. Su corazón se diferencia especialmente de todos los demás corazones por esa tendencia clara. Cuando decimos que esa propensión tiene su objeto en Allah, nos referimos a que la meta del saber avanza hasta querer abrazar lo infinito, y llamamos Allah al Corazón mismo de lo eterno, la Razón trascendente de todas las razones, el Creador de todos los corazones. El conocimiento que podemos tener así es la perfección del saber y la plenitud del corazón humano en tanto que deseo de alcanzar lo que hay en lo más hondo de la realidad.

           El conocimiento es liberador y engrandece al hombre. Por ello, en el Islam se le considera una dignidad que ennoblece al que lo detenta quedando legitimado el orgullo que se pueda ostentar por ser sabio. Ésa es la arrogancia que puede ser manifestada sin que se merezca por ello reproche alguno. En cada saber, el hombre se aparta de la ignorancia y ensancha su espíritu. Puesto que Allah es Infinito, emancipa al ser humano de forma infinita y agiganta su espíritu comunicándolo con lo eterno. Podemos decir que Allah es el Nombre que damos a la Verdad Absoluta intuida por la inquietud del ser humano en conformidad con su predisposición para abarcar lo infinito; es el objetivo de su secreto y la razón de su misterio. El Imâm Abû Hâmid al-Gazâli escribió:

La nobleza, mérito y virtud del ser humano estriban en un secreto con el que se sitúa por encima del resto de las criaturas, y es su predisposición a conocer a Allah. Ese saber, en este mundo, es la belleza que adorna al ser humano, es su plenitud y motivo de orgullo, y, para la muerte, es su herramienta y su provisión. El hombre está capacitado para tal empresa a causa de lo que hay en su corazón, y no por la forma de su cuerpo. El corazón es el que pasa a conocer a Allah, es el que se acerca a Allah, es el que actúa con ese propósito, es el que se esfuerza en esa dirección, y es el que, finalmente, retira el velo. El cuerpo del hombre es un conjunto de miembros físicos subordinados al corazón, es el total de sus servidores y sus herramientas, que el corazón pone en funcionamiento y las usa como el rey emplea a sus servidores o un artesano trabaja con sus utensilios. El corazón es lo que Allah acepta cuando está libre de lo que no es Allah, y es lo ciego en el hombre cuando se sumerge en lo que no es Allah. Es lo buscado por Allah en el hombre, a lo que Él se dirige, con lo que Él entra en una relación de confidencia. El corazón humano es lo que se desborda de gozo cuando conquista ese saber, y es lo que se sume en la frustración cuando ese saber se le escapa. Es decir, es dichoso en la pureza, cuando es iluminado por la voluntad hasta hacerse capaz de cobijar ese conocimiento; y es desgraciado cuando se corrompe y es cubierto por la voluntad con un hollín que lo ciega. Cuando es iluminado, aparecen en lo exterior las bondades del hombre; y cuando es entenebrecido, exteriormente manifiesta maldad y perversión. Cuando es iluminado por la voluntad, entonces resplandecen los secretos que contiene, y cuando el hombre conoce lo que hay guardado en su corazón, se conoce a sí mismo. Y cuando se conoce a sí mismo, conoce a su Señor. Si el hombre se ignora a sí mismo, desconoce a su Señor. Y quien desconoce su propio corazón es aún más ignorante de cualquier otra cosa”.

El corazón humano guarda, esencialmente, una predisposición (isti‘dâd). Existe una ciencia del corazón, que es imprescindible, pues es la clave para todo otro conocimiento. Sólo el que se conoce a sí mismo está realmente capacitado para penetrar en las realidades y medirlas adecuadamente. Y en el Islam siempre se le ha dado toda su importancia a esa ciencia que bucea en el entramado interior del hombre.

 Efectivamente, el órgano que en nosotros se propone el conocimiento y luego trabaja sobre él aprovechando sus contenidos es el corazón. Si desconocemos su estructura y funcionamiento, corremos el riesgo de malinterpretar lo que percibimos. Y, así, ante cualquier información, el ego, o la inteligencia o el espíritu, puede ser la parte del corazón que entre en funcionamiento proyectando sobre el dato sus formas particulares de valorar las cosas, y tendremos una imagen distorsionada de la realidad debido a la inclinación que en nosotros se ha puesto en funcionamiento. Allah -el Infinito- habla al corazón -al igual que todas las cosas mandan información al ser humano-, es decir, habla a la totalidad del ser humano, pero Su mensaje puede ser recogido de forma egoísta, o intelectual o espiritual, y el resultado en nosotros será según aquello que tiene más fuerza en nuestro ánimo. Según ello, podemos conocer a Allah (y todas las cosas) de una forma egoísta, o intelectual o espiritual, pero la plenitud estaría en una interrelación con Él que fuera personal, coherente, y apasionada y profunda a la vez, como debiera hacerse con todo lo que realmente tiene importancia. El conocimiento que tenga de mí mismo me servirá de pista para corregir el punto de vista y obtener un conocimiento verdadero capaz de acoger todo lo que Allah (y el mundo, y cada cosa en el mundo) me ofrece.

 Y es porque algo que caracteriza al corazón humano es su volubilidad, que recibe, en árabe, el nombre de taqállub, es decir, que la propiedad más característica del corazón (el Qalb) es la alternancia de él de sus distintos componentes y el peligro de los excesos. El Profeta (s.a.s.) decía: “Los corazones están entre los Dedos del Misericordioso, y Él los voltea como quiere”, y en sus invocaciones decía: “Oh, Tú que alteras los corazones, afianza nuestras corazones en la habilidad para conocerte (el Îmân)”. A veces, predomina en nosotros el egoísmo, otras veces se impone la inteligencia y de cuando en cuando el espíritu nos sumerge en el Malakût, el universo inmaterial de las inspiraciones más sutiles. Esta característica, el taqállub, las mutaciones del corazón, sus revoluciones, hace tan distintos nuestros momentos, nuestras perspectivas y nuestros puntos de vista, y tan variadas nuestras experiencias y paladeos de la realidad.

 Por tanto, en primer lugar, es necesario conocer qué es el Nafs, el ‘Aql y el h, y luego determinar qué predomina generalmente en nosotros, para luego equilibrarlos y dar al corazón en su totalidad el protagonismo del que es acreedor, de modo que nuestro cuerpo traduzca en sus movimientos todo el bien (el jáir, que, en árabe, es sinónimo de abundancia y prosperidad) que contenemos y se manifieste perfectamente.

Tenemos ante nosotros cuatro palabras que debemos definir exactamente: QalbNafs‘Aql y h. En primer lugar, Qalb es, en principio, el nombre de la suma de todos ellos. Es el corazón, vinculado vagamente al corazón físico que poseemos en el pecho. Igual que el corazón de carne ocupa un lugar central en nuestro cuerpo y bombea la sangre que lo alimenta, el corazón invisible es la esencia del ser humano, su órgano original, lo que lo hace ser lo que es, y es la predisposición en él que lo inquieta y lo lanza hacia lo absoluto e infinito. El corazón, como ha sido dicho, es la verdad de cada hombre, y es lo que en él se pone en movimiento y moviliza al cuerpo, y es, por tanto, hacia lo que Allah mismo se dirige cuando se revela. Tiene relación con el cuerpo, pero la naturaleza de esa relación es indescifrable a causa del carácter invisible del corazón. Se ha dicho que es como la relación que hay entre quien utiliza una herramienta y la herramienta, siendo el corazón el dueño de nuestro cuerpo, pero el lugar de contacto entre ambos extremos no puede ser precisado, o bien pertenece a un tipo de conocimientos sutiles que pertenece a la gente que se ha librado de todos los condicionantes mentales y ve más allá de toda formalidad.

 Por su parte, el Nafs, el ego, es la parte de ese corazón más en contacto con la tierra. Es la sede de sus instintos animales y de sus pasiones, los cuales le permiten sobrevivir en ese mundo. Si predomina en el ánimo, arrastra al hombre a la vileza, lo contenta con su existencia perecedera y lo ciega ante Allah, alejándolo de su inquietud más auténtica. Si es domeñado por la voluntad, ese animal que hay en nosotros se convierte en un servidor de la vida, sin limitarla.

Después viene el ‘Aql, la inteligencia. La inteligencia es un don que permite al ser humano distanciarse de lo inmediato para indagar en sus causas, establecer sus normas y predecir su futuro. Es la causa de su capacidad para dominarse y regirse, y no lanzarse con voracidad sobre las cosas. De ahí que ‘Aql, en árabe, signifique, principalmente, autocontrol. En este grado nos encontramos ya con el ser humano, pues la inteligencia lo diferencia netamente del resto de las criaturas. Es el ‘Aql el que cumple la misión de poner límites al Nafs y darle una orientación. Con el ‘Aql, el ser humano ya no es un animal cuyo afán es satisfacer sus instintos y dar rienda suelta a sus pasiones.

 Por último, tenemos el h, el espíritu. En realidad, el h es, a su vez, el corazón del corazón, el misterio de su misterio. No hay palabras para él, y el Corán, simplemente, dice: “El espíritu es cosa de Allah”. Bástenos saber que en el h es donde el ser humano enraíza en la Verdad Creadora, y es donde su aspiración suprema tiene realización. En el h, el hombre conoce y saborea a su Señor, a la Razón de todos los corazones. El Nafs y el ‘Aql existen bajo la luz inefable del espíritu, en el que residen los secretos configuradores del ser humano. Por tanto, podemos decir que, dentro del corazón, es el h la parte esencial, y es lo que, en cada hombre, se dirige hacia Allah y es a lo que, en cada hombre, Allah a su vez se dirige.

 El Nafs se desvía hacia la animalidad cuando es abandonado a su suerte, y es educado a base de imponer al cuerpo una disciplina. Para ello existe la Sharî‘a, la Ley. El ‘Aql se desvía cuando utiliza sus habilidades para adueñarse del mundo, y es educado enfocándolo a lo más profundo de su capacidad, que es la indagación en las causas primeras de todo lo que existe, y para ello se le ofrece la ‘Aqîda, la Doctrina. El h se desvía cuando se sumerge en la arrogancia de la descarnación y en la libertad del ascetismo, y es educado apartándolo de todo lo que no sea la inmersión en Allah Único, y para ello le sirve el Tasawwuf, el Sufismo, la indagación en la Esencia de la Realidad, la conquista del Ihsân, la Excelencia. Cuando estos distintos niveles del corazón humano cumplen cada uno con su misión, puede decirse que su resultado es el Ser Humano Pleno.

 mandala sufi

Tomado de Musulmanesandaluces.org

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Introducción al Sagrado Quran: Sura Yunus (Jonás)

SURA 10
Iunus (Jonás)
Período de Mecca

ESTE SURA, que toma su título de una sola mención de “el pueblo de Jonás”, en su versículo 98, fue revelado por entero con casi total certeza en Mecca, y probablemente no antes del año que precedió a la hégira del Profeta a Medina. Algunas autoridades opinan que los versículos 40 y 94-95 pertenecen al período de Medina, pero no existen pruebas convincentes en tal sentido. Por otro lado, no parece existir duda alguna de que, cronológicamente, este sura debe situarse entre el sura 17 (Al-Isra’) y el sura 11 (Hud). El tema central de Iunus es la revelación –en particular, la revelación del Qur’an a Muhammad, y la imposibilidad de que hubiera sido “compuesto” por éste para, fraudulentamente, atribuirlo a Dios, tal como afirman los que rechazan la verdad (versículos 15-17, 37-38 y 94). Entretejidas en este tema aparecen referencias a profetas anteriores –todos los cuales fueron desmentidos por la mayoría de sus gentes– así como una exposición polifacética de los principios fundamentales del Islam: la unidad, la unicidad y la omnipotencia de Dios, la continuidad de Su revelación al hombre, la certeza de la resurrección y del Juicio final de Dios — para culminar en el recordatorio (en el versículo 108) de que “quien elija seguir el camino recto, lo sigue sólo por su propio bien; y quien elija extraviarse, se extravía sólo en detrimento propio”.

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Tomado de El Mensaje del Corán por Muhammad Asad

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Introducción del Sagrado Quran: Sura At Tawba (El arrepentimiento)

SURA 9
At-Tauba (El Arrepentimiento)
Período de Medina

A DIFERENCIA del resto de los suras del Qur’an, At-Tauba no viene precedida de la invocación “En el nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia”. Esta omisión, evidentemente deliberada, ha dado lugar a la opinión de muchos Compañeros del Profeta de que At-Tauba es en realidad la continuación de Al-Anfal, y de que juntos constituyen un solo sura (Samajshari), a pesar de que la revelación de ambos está separada por un lapso de aproximadamente siete años. Aunque no existe testimonio alguno acerca de que el Profeta se expresara en estos términos (Rasi), la conexión interna entre At-Tauba y Al-Anfal es a todas luces evidente. Los dos están dedicados casi por entero a los problemas de la guerra entre los creyentes y los que niegan la verdad; hacia el final de Al-Anfal se hace mención de los tratados y de la posibilidad de que tales tratados fueran violados por los no-creyentes—tema que se recoge y se desarrolla al comienzo de At-Tauba; y tanto Al-Anfal como At-Tauba insisten de forma especial sobre la distinción moral entre los creyentes, por un lado, y sus enemigos y oponentes, por el otro.

Una gran parte de At-Tauba se ocupa de las condiciones existentes en Medina antes de la expedición del Profeta a Tabuk, en el año 9 heg., y del espíritu pusilánime que mostraron algunos de sus supuestos seguidores. No existe apenas duda de que la casi totalidad de este sura fue revelado poco antes, durante e inmediatamente después de esa campaña, y en su mayor parte durante la larga marcha de Medina a Tabuk. (Acerca de los motivos de esta campaña, véanse las notas 59 y 142.)

El título del sura proviene de las referencias frecuentes que en él se hacen al arrepentimiento (tauba) de los extraviados y a su aceptación por parte de Dios. Algunos de los Compañeros lo conocían por Al-Bara’a (“Exención de responsabilidad”), título tomado de su palabra inicial; y Samajshari menciona también otros nombres con los que este sura era designado por los Compañeros del Profeta y por sus inmediatos sucesores. At-Tauba concluye el grupo de suras conocidos como “los siete suras largos” (es decir, el grupo de capítulos, inconfundible y casi independiente, que comienza con Al-Baqara y termina con la combinación de Al-Anfal y At-Tauba); y resulta significativo que algunos de los versículos finales de este grupo (a saber, 9:124-127) retornen al tema que domina la primera parte de Al-Baqara (2:6-20): el problema de “aquellos en cuyos corazones hay enfermedad” y que no pueden alcanzar la fe porque “se obstinan en negar la verdad” cada vez que esta entra en conflicto con sus nociones preconcebidas, sus gustos y sus antipatías: eterno problema de aquellas gentes que no pueden ser convencidas por ningún mensaje espiritual porque no quieren entender la verdad (9:127), y que con esto “sólo se engañan a sí mismos, y no se dan cuenta” (2:9).

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Tomado de El Mensaje del Corán por Muhammad Asad

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