Introducción del Sagrado Quran: Sura Al Anfal (8)

SURA 8
Al-Anfal (El Botín)
Período de Medina

LA MAYOR parte de Al-Anfal (título que proviene de la referencia al “botín” en el versículo 1) fue revelada durante e inmediatamente después de la batalla de Badr, en el año 2 heg.; aunque algunos de sus versículos, en especial la sección final, son considerados más tardíos. Dado que se ocupa casi por entero de la batalla de Badr y de las lecciones a extraer de ella, se hace imprescindible presentar un resumen de sus circunstancias históricas para facilitar una comprensión correcta de este sura. En el mes de Shaaban, 2 heg., los musulmanes de Medina tuvieron noticia de que una gran caravana comercial de Mecca, que había viajado a Siria unos meses antes al mando de Abu Sufián, había emprendido su regreso hacia el sur y pasaría cerca de Medina pocas semanas más tarde. Como quiera que, desde el éxodo de los musulmanes de Mecca a Medina existía un estado de guerra abierta entre estos y los Quraish de Mecca, el Profeta informó a sus seguidores de sus planes de atacar a la caravana tan pronto como se acercase a Medina; y los rumores de este plan llegaron a Abu Sufián mientras se encontraba aún con su caravana en Siria. Las semanas que habrían de transcurrir hasta que alcanzaran la zona de peligro, dieron a Abu Sufián la oportunidad de despachar un emisario urgente con un mensaje pidiendo ayuda (ya que la caravana, formada por unos mil camellos cargados de valiosa mercancía, llevaba sólo una escolta de unos cuarenta hombres armados). Los Quraish, una vez recibido el mensaje de Abu Sufián, reunieron un poderoso ejército bajo el mando de Abu Yahl, el más enconado enemigo del Profeta, y emprendieron la marcha hacia el norte para defender la caravana. Esta, mientras tanto, había cambiado su ruta tradicional y se dirigía hacia las tierras bajas de la costa a fin de alejarse lo más posible de Medina.

El hecho de que el Profeta, en contra de su costumbre, hiciera públicos sus planes con tanta anticipación sugiere que el anunciado ataque a la caravana era sólo una maniobra y que desde un principio su objetivo había sido un encuentro con el ejército de Mecca. Como se ha mencionado, existía ya un estado de guerra entre los Quraish de Mecca y la comunidad musulmana de Medina. No obstante, no se había producido aún ningún choque decisivo, y los musulmanes se sentían bajo la constante amenaza de una invasión por parte de los Quraish. Es probable que el Profeta deseara poner fin a tal situación y, a ser posible, infligir una derrota decisiva a los Quraish que otorgara cierta seguridad a su débil comunidad. Si su intención hubiera sido únicamente atacar y saquear la caravana de Abu Sufián, podría haberlo conseguido aguardando simplemente su paso por las cercanías de Medina para atacarla por sorpresa; y en tal caso, Abu Sufián no habría tenido ocasión de conseguir ayuda de Mecca. El anuncio del Profeta, con semanas de antelación, del ataque que planeaba, dio tiempo a Abu Sufián de alertar a sus compatriotas de Mecca forzándoles a despachar una fuerza considerable en dirección a Medina.

Mientras la caravana de Abu Sufián avanzaba hacia el sur por la costa, lejos del alcance de los musulmanes, el ejército de Quraish –compuesto por unos tres mil combatientes provistos de cotas de malla, setecientos camellos y más de cien caballos– llegaba al valle de Badr, a unos ciento sesenta kilómetros al sudoeste de Medina, esperando encontrar allí a Abu Sufián, sin saber que este había tomado mientras tanto la ruta de la costa. Al mismo tiempo, el Profeta partía de Medina al frente de algo más de trescientos musulmanes, todos ellos muy escasamente armados y que entre todos contaban sólo con setenta camellos y dos caballos. Los seguidores del Profeta estaban convencidos de que iban a atacar a la caravana y a su débil escolta; y cuando el día 17 (o, según algunas autoridades, el 19 o el 21) de Ramadán, se encontraron frente al poderoso contingente de Quraish más de tres veces superior a ellos en número, celebraron un consejo de guerra.

Unos pocos musulmanes consideraban que el enemigo era demasiado superior a ellos y que debían retirarse a Medina. Pero la abrumadora mayoría, encabezada por Abu Bakr y Umar, eran partidarios de entablar combate, y su entusiasmo arrastró a su lado a los demás; y acto seguido el Profeta atacó a los Quraish. Después de varios combates individuales –celebrados siguiendo la ancestral costumbre de los árabes– la contienda se generalizó; las fuerzas de Mecca fueron derrotadas por completo y varios de sus jefes más importantes –entre ellos Abu Yahl– cayeron muertos.

Esta fue la primera batalla a campo abierto entre los paganos de Quraish y la joven comunidad musulmana de Medina, y su desenlace hizo comprender a los Quraish que el movimiento iniciado por Muhammad no era un sueño efímero sino el nacimiento de un nuevo poder político y de una nueva era, distintos ambos de todo cuanto los árabes habían conocido en su historia. El día de Badr significó una confirmación demoledora de la aprehensión que había provocado en Mecca la hégira de Muhammad y de sus Compañeros a Medina. Si bien el poder del paganismo árabe no fue roto definitivamente sino varios años más tarde, su decadencia se hizo patente desde este histórico momento. Para los musulmanes también, Badr resultó ser un episodio decisivo. Podría decirse, sin temor a error, que hasta aquel momento sólo unos pocos Compañeros del Profeta habían entendido plenamente la implicaciones políticas del nuevo orden que el Islam venía a implantar. Para la gran mayoría, su hégira a Medina había significado tan sólo, en aquellos primeros días, un refugio frente a las persecuciones que habían tenido que soportar en Mecca: sin embargo, después de la batalla de Badr, aún los más ingenuos de ellos se dieron cuenta de que iban camino de un nuevo orden social. El espíritu de sacrificio pasivo, tan característico de los primeros tiempos, se vio complementado por la idea del sacrificio en la acción. La doctrina de la acción como elemento creativo fundamental de la vida fue puesta en práctica conscientemente, quizás por primera vez en la historia humana, no sólo por unos pocos individuos escogidos sino por toda una comunidad; y el intenso activismo que habría de distinguir a la historia de los musulmanes en las décadas y siglos siguientes, fue una consecuencia directa e inmediata de la batalla de Badr.

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Tomado de El Mensaje del Corán por Muhammad Asad

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