Algo Más Grande…

 

Uno de los errores recurrentes de los seres humanos es caer en el apego. El apego a las personas, a las cosas, a los sentimientos, al pasado, a los sueños e ilusiones del futuro… Nos apegamos a las personas, y vivimos con miedo a perderlas, este miedo nos impide disfrutar de su compañía, nos apegamos a las relaciones, y muchas veces escogemos vivir mal acompañados en vez de escoger vivir en paz con nosotros mismos.  Esperamos que las personas llenen nuestras expectativas, esperamos que los demás nos hagan felices, nos hagan olvidar nuestra soledad interna, nos entretengan y nos hagan pasar el aburrimiento, y al final, nos sentimos decepcionados de la vida, de la gente, porque no encontramos respuesta en  el exterior. Nos apegamos a los trabajos, a los lugares, a los objetos, ya sea porque tienen un valor monetario o un valor sentimental, nos cuesta trabajo soltar, dejar ir, dejar fluir, nos apegamos a nuestras ideas, a nuestras percepciones de la vida, e inclusive a una personalidad falsa creada por nuestro ego, la cual nos define como ”fuertes”, como ”inteligentes” etc, en la cual no encontramos cavida para el cambio y la transformación, porque  el aceptar que no somos lo creemos, que lo que creemos ser es nuestra propia invención nos hace sentir completamente vulnerables y queremos siempre proyectar una imagen  falsa para cubrir el pánico interno de no conocernos a nosotros mismos.

Vivimos sumergidos en recuerdos del ayer o en proyectos para el mañana, son pocos los momentos en los que nos encontramos conscientes del instante presente. Y así nos pasamos la vida, de apego en apego… y es que como bien dice un refrán: ”Todo apego contiene EGO.”

¿Dónde radica el problema de la epidemia mundial del apego?

El problema radica en la falta de conocimiento propio, exploramos el mundo, somos autores de grandes inventos, de grandes descubrimientos, pero la gran mayoría aún teme  descubrirse a sí mismo, y entrar a explorar el universo interno, el cuál es mas vasto que el que nos rodea en el exterior.

Nuestro Ego no nos permite reconocer que somos creación, por lo tanto dependientes de Algo Más Grande, Alguien que nos dio la vida, que nos sostiene, que nos llama a la guía y nos acepta cuando volvemos a Él con el corazón roto por enésima vez, tras caer en el mismo error, el error de creer que otra creación, vulnerable como nosotros, puede saciarcesa desconocida sed y hambre interna, la cual hasta ese momento de oscuridad, carece  aún de nombre o explicación.

Esto puede hacernos comprender las adicciones, las cuales son el resultado del deseo intenso de ”llenarnos” de llenar ese vacío, el cual se hace insoportable cuando enfrentamos el silencio. Algunos son adictos  a sustancias, otros a actos, otros a sensaciones internas, como el enamoramiento, el conflicto, otros se vuelven adictos al trabajo, otros a la música, y otros a fabricar un personaje falso de sí mismos e insiste en demostrar que es real. Y así, nos vamos dando cuenta, que todo aquel, que aún no haya entendido que el exterior nunca llenará ese vacío, es esclavo de algo que lo anestesia de su realidad.

Quienes empiezan a despertar, llegan a entender que nada de lo que hagan, obtengan o fabriquen, puede hacerlos felices, porque nuestra seguridad y autoestima, felicidad o estabilidad no depende de nada excepto de la conexión con El Uno y Único.

La respuesta a nuestra insistente búsqueda, se encuentra en estos dos versos del libro revelado ”en el cual no hay duda y el cual es Guía para los que son conscientes de Allah”:

No hay coacción en la práctica de Adoración*, pues ha quedado claro cual es la buena dirección y cual el extravío. Quien niegue a los ídolos* y crea en Allah, se habrá aferrado a lo más seguro que uno puede asirse, aquello en lo que no cabe ninguna fisura. Y Allah es Oyente y Conocedor.  Allah es Amigo de los que creen; los saca de las tinieblas a la luz. Pero los incrédulos tienen como amigos a los taguts que los sacan de la luz a las tinieblas; ésos son los compañeros del Fuego donde serán inmortales. (2: 256-257)

Los ídolos y los tagut no son solo estatuillas de barro, o madera, es todo aquello que ponemos en lugar del Uno y Unico Dios. La unicidad de Dios, no consiste solo en un discurso teológico. Muchos son los que reconocen que hay un solo Creador, pero son pocos los que entienden que los dioses falsos, van mas allá de aquello a lo que le rezan y le invocan. los dioses falsos son todo aquello en lo que ponemos nuestra esperanza de obtener la felicidad. La lucha contra el politeismo no es externa, es interna y   no se logra con tan solo haber pronunciado la shahada. Es necesario batallar a diario contra la falta de fe, la falta de confianza en Allah, en reconocer que los medios, son solo medios pero que la fuente es La Fuente, Dios, Exaltado Sea.

La vida toma sentido, cuando dejamos de lado la necesidad de obtener de los demás y de lo demás, y buscamos la conexión irremplazable, que nos otorga la verdadera felicidad, la verdadera seguridad, el verdadero amor. Ibn Taimiyyah dijo una vez: ”quien no entra al paraíso en esta vida, no podrá entrar al paraíso en la otra”.  El paraíso en esta vida es la libertad que hayamos en la sumisión absoluta al Creador.

Probablemente, hemos escuchado algo parecido cientos de veces, inclusive, hemos podido llegar a esta conclusión por nosotros mismos después de tanto probar el sabor amargo de la desilusión, de la decepción y el dolor del corazón roto. Nos cuesta mucho trabajo aceptar que la solución sea tan ”sencilla” pero la verdad es que hay un enemigo poderoso que nos hace desacreditar esta simple verdad, y es nuestro EGO, el cual no hemos aprendido a domar y a someter a Dios. Muchas veces sometemos todo, nuestra creencia, nuestras prácticas, nuestro estilo de vida, pero desafortunadamente, al ego tan solo lo adieztramos, y no  lo entregamos a Dios. El significado del Islam es Sumisión, someterlo todo, sumerginos completamente, reconocer que no podemos, que no sabemos, que no tenemos con que; entender nuestra absoluta dependencia, nuestra completa vulnerabilidad, nuestra condición de esclavos , y que la verdadera libertad es proclamarnos voluntariamente como esclavos sumisos y obedientes a Dios. Solo Él puede cambiarnos, solo Él puede darnos aquello que tanto anhelamos, lo cual está detrás de todo deseo vano y superficial.

A primera vista, puede parecer que todo ser humano quiere algo diferente, pero la verdad es que todos queremos lo mismo, detrás de aquello que creemos desear, solo está el deso interno del alma, y es de volver a Su Creador.

La vida de este mundo puede ser beneficiosa cuando tenemos claro nuestro objetivo, y el inteligente es aquel que utiliza la vida para construir su puente de regreso a Casa. Aquel que está dormido, cree que esta vida le puede ofrecer su destino final, y es de la Misericordia de Dios que la felicidad basada en los placeres de este mundo tan solo dure unos segundos…. tal vez así, despertaremos debido a la propia necesidad de algo permanente.

“‏اللهم ألهمني رشدي، وأعذني من شر نفسي‏”

Allahumma Alhimni Rushdi wa a’idhni min sharri nafsi.

Oh allah Inspirame el camino recto y protégemo del mal de mi mismo (de mi ego) (at tirmidhi)

En el profeta Muhammad, encontramos el perfecto ejemplo de como vivir una vida con propósito, una vez reconozcamos que la respuesta no está en nuestra relación con este mundo, empieza nuestra batalla interna por lograr esa relación con Dios, en este camino, encontraremos que nuestro principal enemigo es el ego ‘apegado’ dependiente y adicto a esta vida, y es nuestra mayor jihad, luchar por transformar ese ego en un alma complacida (Nafsul Mutmainna)

¡Oh alma sosegada! Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria.  Y entra con Mis siervos,  entra en Mi Jardín. (Sura 89: 27-30)

Nuestro foco, pasa de ser un objetivo exterior a una lucha interna, en donde las múltiples batallas tomarán lugar en las circunstancias que vivimos a diario. El objetivo ya no es obtener esa posición en mi trabajo, sino, que dicha posición se vuelve mi lugar de batalla contra esos deseos bajos que intentan impedir esa relación con Dios, porque mientras obtengo éxitos en este mundo, internamente, mi rostro debe dirigirse a Allah, sabiendo que aquello que Él (y nadie más) me ha otorogado, en ese instante de mi vida, es solo un medio para remover otro velo que me distancia de Él.

Un ejemplo perfecto de esto es Ibrahim, quien observó la creación, el sol. la luna y entendió como nada de lo que su pueblo adoraba tenia poder, y todo era dependiente de Algo Más Grande… y dijo:

Y cuando vio el sol naciente, dijo: Este es mi Señor pues es mayor; pero cuando se ocultó, dijo: ¡Gente mía, soy inocente de lo que asociáis! Dirijo mi rostro, como hanif, a Quien ha creado los cielos y la tierra y no soy de los que asocian. (6:78-79) 

Él nunca pensó en ser el patriarca de las religiones mas grandes del mundo, nunca pensó que miles de años después sería recordado y respetado por la gran mayoría de seres humanos, en cada logro, el no veía el logro, el veía mas allá, el veía la oportunidad de levantar otro velo que lo separaba de Dios.

Solo así transformamos el alma, y la alineamos con nuestro epíritu proveniente del Sustentandor, el cual reconoce la verdad. Solo cuando cambiamos el estatus de todo aquello que nos rodea, lo dejamos de ver como logros, como fines, como objetivos y pasan a ser solo medios para llegar al único logro, al único fin, al único objetivo: Nuestra relación con El Creador la cual nos llena de Su Amor, Paz y Dicha Pura e Infinita.  Porque es esto lo que realmente buscamos… ahí yace la respuesta a nuestra búsqueda.

Aquéllos que no esperan encontrarse con Nosotros y se satisfacen con la vida de aquí, acallando su inquietud con ella; así como aquéllos a los que les tienen sin cuidado Nuestros signos;  ésos tendrán como refugio el Fuego a causa de lo que adquirieron.  En verdad los que creen y practican las acciones de bien; a ésos, a causa de su creencia, su Señor los guiará y en los Jardines de las Delicias los ríos correrán por debajo de ellos.  Allí, su oración será: ¡Gloria a Ti, Allah! Y su saludo: ¡Paz!Y el final de su oración: ¡Las alabanzas a Allah, Señor de los mundos! (10:7-10)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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