¿Cómo es es el verdadero amor?

Muchos de nosotros vivimos la vida persiguiendo el amor, en algunas relaciones damos, en otras tomamos, usualmente perseguimos nuestro ideal del amor, pero muchas otras veces simplemente esperamos que llegue. Tenemos el concepto errado que el amor es un lugar que está fuera de nosotros, y que debemos encontrarlo para poder alcanzar la felicidad. Por esto existen personas que viven persiguiendo las sensaciones del enamoramiento, se enamoran del amor, se enamoran de la ilusión, de la sensación, pero no de las personas.

Es importante entender la naturaleza de lo que perseguimos, aquello que creemos que es el amor, es parte del mundo, es la respuesta física de nuestras hormonas ante alguien que nos atrae, algunas veces lo que creemos que es amor, es dependencia emocional, aun así, es efímero como todo en este mundo, esa sensación desaparece con el tiempo, así que quien se empeña en perseguir ese sentimiento, muere buscando aquello que cuando lo alcanza, se desvanece. El ideal del amor con el que crecemos es un espejismo, y la vida es un desierto en el que las personas  tratan de llegar al espejismo, pero nunca lo logran, porque no podemos tocar nuestros pensamientos.

Lo único que esto deja es cansancio y ningún resultado. La razón por la cual el amor es un espejismo es porque los seres humanos somos cambiantes, lo que queremos, nos hace felices, nuestra respuesta a los estímulos no son permanente. Por ende en las relaciones donde esperamos de los demás, el resultado siempre es cambiante, hoy estamos complacidos con lo que tenemos, mañana nos sentimos indiferentes o queremos algo más.

Si alcanzar el amor es el objetivo final para ti, debes saber que tu foco de vida es el incorrecto, tu tarea no termina cuando encuentres el amor, ahí empieza, y si no cambias tu foco, entonces sentirás que la persona que está a tu lado es la incorrecta, porque siempre que esperes del otro, te decepcionarás, ya que nadie puede cumplir las expectativas cambiantes de la pareja.

Existen personas que  llegan a sacrificar sus valores e ideales y hasta su fe para alcanzar el amor. Cuando lo obtienen se dan cuenta que no deja, sino dolor, porque quien sacrifique sus ideales y convicciones por alcanzar algo tan efímero como el amor terrenal, solo encuentra decepción.  El príncipe deja de serlo cuando convive con la esposa y se convierte en otro humano más con defectos y virtudes…

¿Por qué tenemos un concepto errado del amor?

Absorbemos de la sociedad en la que vivimos principios y creencias, muchas veces falsas. La idea del amor de telenovela y de cuento de hadas, se nos inculca desde muy pequeños a ambos géneros, de maneras distintas, pero con conceptos errados,  nos volvemos adultos pensando que tenemos que buscar esa ‘media naranja’. Tenemos una sensación de vacío interno y pensamos que la pareja ideal nos hará sentir completos.

Los que no salen del concepto errado no se dan cuenta que el ser humano solo alcanza esa sensación de complacencia y saciedad al conectarse con Dios. Así que mientras busquen llenar sus vacíos, siempre se estrellarán y continuarán fracasando hasta que logren entender que nadie completa a nadie, y que las razones que unen a una pareja son muy distintas a las que tenemos en mente.

Dios nos ha creado a cada uno de nosotros de manera individual, el matrimonio es un acto de amor y de compromiso,  que nos lleva a adquirir nuestra personalidad individual, a formar nuestro carácter, una familia y a realizar parte de nuestra misión en esta vida. En la institución del matrimonio aprendemos a pensar en los demás, a dejar de lado el egocentrismo, abandonamos la idea de que el mundo gira entorno a ‘mí y mis necesidades’. Y empezamos a construir diferentes virtudes como la paciencia, la perseverancia, la tolerancia, pero sobre todo, el matrimonio nos debe llevar a construir nuestro camino de vuelta a Dios, las parejas deben servir de apoyo y recordarnos cuál es nuestra misión en la vida.

Pero si la persona con la que te casas se convierte en tu centro, entonces él o ella se convertirá en tu mayor prueba. Hasta que no quites a esa persona del lugar que solo le corresponde a Dios, solo encontrarás dolor, decepción, y muchos llegan al punto de llenarse de resentimiento, rabia e inclusive odio por aquel que una vez fue el ‘amor de  tu vida’

¿Porque el centro de tu vida debe ser Dios?

Nuestra naturaleza humana es dependiente porque somos creación, por ende, tenemos un eje central, y en ese eje se posa el amor por aquel  que merece esa posición, el ser que pongamos en ese lugar se convertirá en nuestra deidad, así que quien su centro no sea Dios, ha asociado a Él, otro. Por Él trabajamos, por Él cambiamos, por Él nos sacrificamos, luchamos para buscar su aprobación, complacencia, amor, y retribución.

El eje central es lo que nos da la estabilidad, al colocar a cualquier ser humano en el centro de nuestra existencia, encontramos muchísima inestabilidad. El ser humano es cambiante por naturaleza y el único que puede darnos la estabilidad que necesitamos es Dios. Dios es lo único estable que hay, los valores que Dios definió para la humanidad son los mismos desde el primer hombre hasta el último. Él nunca cambia, nunca nos abandona, y el retorno es hacia Él.

El propósito original de nuestra vida debe ser la construcción del camino de vuelta a Dios. Ese debe ser nuestro único foco, Él y nuestro reencuentro con Él. Lo demás que llegue a nuestras vidas debe servir a ese propósito. El matrimonio debe ser una herramienta que nos ayude  a construir nuestro camino. El ser padres, el desarrollarnos en una profesión, el desarrollar el máximo potencial de nuestra personalidad… todo ello debe servir a ese propósito. Cuando este principio clave de nuestra existencia no está claro en nuestra vida solo encontramos, dolor y decepción, nadie es merecedor de esa posición tan privilegiada en nuestras vidas, solo Dios.

Existen dos tipos de amor

Personas a las que ames por lo que te aportan, lo que obtienes de ellos y lo que te hacen sentir. La mayoría de las personas aman de esta manera, y es el amor más inestable debido a nuestra naturaleza cambiante.

El segundo tipo de amor, es menos común, es cuando amamos a las personas por lo que son, no por lo que nos aportan. La belleza que  percibimos en ellas es un reflejo del Creador. En ese momento, no se trata de lo que obtenemos, sino de lo que podemos ofrecer. Este es un amor altruista, aunque no compite con el amor que debemos sentir por Dios, es un amor por su causa, porque solo podemos amar lo que es bello en su esencia, aquello que place al Creador. Este tipo de amor trae felicidad a nuestras vidas, es un amor independiente, es un amor que no tiene expectativas. Pero solo podemos amar a una persona así cuando ella está conectada a Dios, cuando vive su vida construyendo su puente de regreso al Creador, admiramos eso en ellas, admiramos su valor, su amor por Dios, esto es amar por Su Causa.

En ese momento todos los ingredientes para una vida miserable desaparecen, las expectativas, las exigencias, las condiciones ya no hacen parte de esta relación.

Así que para todos ellos que buscan el amor, sepan que la pureza de cualquier cosa solo se encuentra en Su Origen, Dios es la fuente del amor, y lo que no se busque por medio de él, es venenoso y amargo, parece amor pero no lo es. Cuando empecemos a ver todo lo que nos rodea como un reflejo de la Belleza y Perfección del Creador, aprenderemos a amar de la forma correcta, por Él, a través de Él, y para Él. El cimiento de un matrimonio feliz y estable es Dios, así la inestabilidad desaparecerá, las circunstancias difíciles de la vida no vencerán ni derrumbarán esa relación. Todo lo que tomes, todo lo que des irá acorde a Él, a Su palabra. Nuestros deseos no dictarán lo que está bien o mal en nuestra relación, Allah es el mejor de los jueces.

Es decir que amaremos lo que Él ama, y nos alejaremos de lo que Él detesta y cuando amamos a la creación del Creador, lo hacemos sin pensar en el beneficio que recibiremos de ellos, porque Él es suficiente para nosotros y quien se sacia con lo que Dios le da, es el más rico y el más generoso del mundo. Así es como alcanzamos la verdadera libertad, la felicidad y el verdadero Amor.

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