Introducción del Sagrado Quran: Surah Aal Imran (3)

SURA 3
Al Imran (La Casa de Imrán)
Período de Medina

ESTE SURA fue el segundo o (según algunas autoridades) el tercero revelado en Medina, posiblemente en el año 3 heg.; sin embargo, algunos de sus versículos pertenecen a un período más tardío, concretamente, al año anterior al de la muerte del Profeta (10 heg.). El título “La Casa de Imrán” proviene de las alusiones, en los versículos 33 y 35, a este origen común de una larga línea de profetas. Al Imrán comienza, como el sura anterior, mencionando la revelación divina y la forma en que los hombres reaccionan a ella. En Al-Baqara se hace un mayor hincapié en el contraste de actitudes entre aquellos que aceptan la verdad revelada por Dios y aquellos que la rechazan; en Al Imrán, sin embargo, los primeros versículos se ocupan de la tendencia errónea por parte de muchos creyentes a interpretar los pasajes alegóricos del Qur’an –e, implícitamente también, de las escrituras reveladas con anterioridad– en forma arbitraria, llegando así a proposiciones esotéricas que chocan con la verdadera naturaleza y propósito del mensaje divino. Dado que la deificación de Jesús por sus seguidores posteriores es uno de los ejemplos más notorios de tal interpretación arbitraria del mensaje original de un profeta, el sura relata la historia de María y Jesús, así como la de Zacarías, el padre de Juan el Bautista, que eran todos descendientes de la Casa de Imrán. El Qur’an discrepa aquí de la doctrina cristiana de la divinidad de Jesús: se citan sus propias palabras llamando a sus seguidores a adorar sólo a Dios; se hace hincapié una y otra vez sobre su naturaleza puramente humana y mortal; y se describe como “inconcebible que un ser humano al que Dios ha dado la revelación, un criterio justo y la Profecía, diga luego a la gente: ‘Adoradme a mí en vez de a Dios’ ” (versículo 79). El principio de la unidad y la unicidad de Dios, y de la dependencia total del hombre de Él es elucidado desde múltiples ángulos, y esto conduce lógicamente al problema de la fe del hombre y a las tentaciones, surgidas de la debilidad humana, a que está continuamente expuesta esa fe: y esto lleva el discurso al tema de la batalla de Uhud –aquella experiencia que a punto estuvo de acabar en un desastre para la pequeña comunidad musulmana en el año 3  heg., pero que supuso una sana –aunque amarga– lección para todo su desarrollo futuro. Más de un tercio de Al Imrán se ocupa de esta experiencia y de la variada enseñanza que puede extraerse de ella.

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Tomado del Mensaje del Corán por Muhammad Asad

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